Soy enfermera y vivo con diabetes tipo 1

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Hola a todos(as) y bienvenidos(as) a mi crónica 🙂. Soy Stéphanie, tengo 42 años y soy enfermera. Tengo diabetes tipo 1 desde hace 27 años, y también soy mamá de un niño con DID desde 2017.

Vivo con una diabetes insulinodependiente desde mis 15 años. En aquella época, estaba en plena orientación profesional y estaba decidida a realizar estudios paramédicos. QUERÍA SER ENFERMERA.

Hasta ahí todo iba bien… Pero, el 17 de agosto de 1992, se dictó el veredicto: me diagnosticaron diabetes tipo 1.

Después de haber digerido la noticia y haberme recuperado, mi primera pregunta fue: ¿podré, de todas formas, ser enfermera? Mi entorno, en primer lugar, me tranquilizó, pero rápidamente me enteré de que las personas con diabetes eran rechazadas en el examen de ingreso francés a la escuela de enfermeros(as). ¡Fue un verdadero drama para mí! 

Con mucha perseverancia, finalmente aprobé el examen y lo conseguí. ¡Estaba feliz de haberlo logrado! Y después, no fue más que una parte de la alegría… ¡Os cuento! 

Durante los 3 años y medio de estudios, luché constantemente contra los prejuicios sobre la diabetes y sobre las personas que la tienen. Oí muchos comentarios como: «¿Cómo puedes tratar a la gente si tú misma estás enferma? » o «¿Has desayunado bien esta mañana? No quiero una enfermera con hipoglucemia» Me tocó vivir muchos intentos de desestabilización que pretendían hacerme comprender que no podía ejercer esta profesión. En teoría, yo debía estar al otro lado…

¡No pasa nada! Hice de mi diabetes una fuerza. Saqué de estas experiencias toda la fuerza necesaria para llegar hasta el final y obtener mi diploma. Estaba muy orgullosa de haber logrado ser enfermera.

Para los demás, ¡no seguiría siendo enfermera mucho tiempo! La «persona con diabetes» volvió rápidamente. Imaginen mi primera entrevista de trabajo… Honestamente y sin complejos, decidí informar a mi jefe de que tenía DT1. Me sorprendí de que esto no afectara en nada a mi puesto, incluso fui contratada. Pero el jefe intentó aprovecharse de esto para meterme en su cupo de trabajadores con discapacidad (verídico). Para él, yo representaba algunas ventajas administrativas y para mí, nada porque yo no era diferente a los demás… ¡No hace falta decir que rechacé esta calificación administrativa! Aunque esto me hizo encerrarme en mí misma y dudar.

Durante varios años de ejercicio profesional, oculté minuciosamente mi diabetes a mis compañeros y jefes. Había sufrido demasiado por esta exposición de mi diferencia y especialmente de mi enfermedad. Después de todo lo que había pasado para obtener este diploma y embarcarme en esta carrera tan deseada, no me iba a rendir. Así que hice lo máximo posible para limitar las hipoglucemias, las hiperglucemias y ¡todas las señales que pudieran traicionarme! Estaba casi encerrada en una negación de diabetes organizada para tranquilizar mi vida profesional.

Afortunadamente, la vida me hizo un enorme regalo y me ayudó a salir de esta espiral. Me quedé embarazada y fue el día más bonito de mi vida. Tanto en el plano personal como profesional.

De hecho, durante el primer trimestre, ya no controlaba nada. Pasaba el tiempo bebiendo zumos de frutas con el único objetivo de aumentar mis niveles de glucosa después de las hipoglucemias de repetición. Me adelanté e informé a mis jefes de mi nuevo estado «de enfermera embarazada y con diabetes». 

Desde aquel día asumí mi diabetes tipo 1 en el trabajo. A propósito, sigo trabajando para el mismo jefe. Mis compañeros(as) se sorprendieron al enterarse de mi diabetes, sin embargo, durante todos estos años ¡había conseguido demostrarles que sabía hacer muy bien mi trabajo! 

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